Enviados en el Espíritu

Español a continuación

Last week I was honored with an invitation by the Iglesia Presbiteriana de Venezuela to reflect on the gospel reading for Pentecost Sunday. This was first posted on their Facebook page and synod website. I share it below in the original Spanish.

La semana pasada la Iglesia Presbiteriana de Venezuela me honró con una invitación a escribir esta reflexión sobre el pasaje del evangelio para el domingo de Pentecostés. 

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Enviados en el Espíritu
Comentario sobre Juan 20:19-22
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“La paz sea con ustedes.”
Jesús irrumpe en el lugar donde sus discípulos están reunidos, escondidos a puerta cerrada, preocupados por el probable costo de su vínculo con Jesús, quien fue crucificado como un criminal.

“La paz sea con ustedes.”
Juan relata el evangelio de Jesús para los primeros cristianos del pueblo judío, que experimentaban rechazo y adversidad en su contexto como comunidad de Jesús.

“La paz sea con ustedes.”
Para los discípulos y para la iglesia temprana, estas palabras de Jesús son radicales. “Es una convocación,” dice Luis Rivera Pagán,“a superar el temor y aprestarse, con valor y plena conciencia, a realizar la misión que les corresponde.”

“Como me envió el Padre, así también yo os envío.” 
Con estas palabras Jesús da a sus discípulos el envío apostólico que es el propósito de la aparición de Jesús a sus discípulos en nuestro texto. El concepto de envío es clave en el evangelio de Juan, donde Jesús dice unas 40 veces que ha sido enviado por el Padre. En esa identidad como representante pleno de Dios radica su autoridad. Y aquí Jesús otorga autoridad a sus discípulos para que sigan con la misión.

Y ¿a qué envía Jesús a los discípulos? No les da una explicación muy clara de los objetivos de su misión, pero sí identifica esta misión como una continuación de la suya:”Como me envió el Padre, así también yo os envío”(v.21).

Lo que han visto, y lo que han recibido de Jesús, es la misión que deben continuar en sus propias vidas.Para Jesús en el evangelio de Juan, parece haber un mandamiento singular: “Así como yo los he amado, ámense también ustedes unos a otros” (13:34), “Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (15:12), “Esto os mando: Que os améis unos a otros” (15:17). De esta manera, amándose unos a otros, sus discípulos servirán como testigos del inagotable y maravilloso amor de Dios. Aunque sea sencillo, no será fácil.Por eso, tal como les prometió, Jesús infunde a sus discípulos el Espíritu,que estará con ellos siempre (14:17).

En el domingo de Pentecostés celebramos el don del Espíritu Santo, el momento decisivo cuando las llamas de fuego descendieron sobre los discípulos según el relato de Hechos 2. Juan también evoca la entrega del Espíritu Santo en nuestro pasaje, pero aquí vemos un acontecimiento mucho más íntimo.

Jesús sopla (v.22), y con su aliento los discípulos reciben una nueva vida, un nuevo propósito, por la presencia del Espíritu Santo. La palabra empleada aquí (ἐμφυσάω–emphusao)es muy poco usada en las escrituras. No es el soplo del viento, sino el soplo de aliento que trasmite vida de un ser a otro. Por medio de este verbo poco común y la acción que representa, este don del Espíritu queda claramente vinculado con el soplo de Dios que da vida al ser humano en Génesis 2:7 y el soplo del Espíritu que da vida a los huesos muertos en Ezekiel 37:9.

En el mundo hoy, hay temores y angustias de sobra. Pero si nos encerramos en el templo para orar y estudiar, buscando crear una sensación de paz cuando la realidad del mundo es de quebrantamiento, violencia, y conflictos irresueltos, Jesús irrumpe y nos recuerda de la misión que nos encomendó. Hay que salir, impartiendo amor y reconciliación en los espacios donde más se necesitan.

Jesús irrumpe en nuestra vida, nuestras iglesias, en medio de nuestros temores, y nos saluda con esas palabras de poder: “La paz sea con ustedes.” Nos alienta y nos fortalece con su Espíritu. Como mensajeros enviados de Jesús, irrumpamos en el mundo, proclamando la paz.

No es una tarea fácil. Como lo dice Miriam Lizeth Bermúdez, “Aunque algunas personas sostienen que la paz no tiene precio, en ocasiones debemos pagar un precio para mantener la paz y restaurar relaciones.” Entre los costos que debemos estar prestos a erogar a favor de la paz están la humildad, la tolerancia, la paciencia y la generosidad.Y si la paz se hace parte de nuestro ser, tan íntimo como el aliento, podremos compartirlo—por el poder del Espíritu que nos acompaña. ¡Gloria a Dios! Que así sea.

Comentarios consultados:
Miriam Lizeth Bermúdez
Luis Rivera Pagán
Brian Stoffregen

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About Sarah

I serve with Presbyterian World Mission as liaison to the Andean region. This blog is a place to share stories, experiences, and observations, both my own and those of friends and colleagues and the occasional item of news.
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