Incertidumbre en El Tamarindo

To read in English: Uncertainty for El Tamarindo

Vimos los carros de la policía al llegar. Rodearon el Caterpillar, todo listo para la diligencia de desalojo de las humildes casas y campos sembrados del predio Natacha en El Tamarindo.

El Tamarindo es una colección de agricultores campesinos en las afueras de la ciudad de Barranquilla. Miembros de esta comunidad llevan los últimos doces años en esas tierras, que al llegar estaban registradas como baldías. Hace unos años aparecieron dueños con título a esas propiedades. El Tamarindo está ubicado en una zona franca al lado de la ciudad portuaria establecida para facilitar el rápido crecimiento del comercio internacional proyectado como resultado de los tratados de libre comercio con los Estados Unidos y Europa.  El valor por hectárea en la zona ha aumentado enormemente, tierras recientemente atractivas a causa de su utilidad para los negocios. Grandes bodegas han sido erigidas en esos campos para almacenar productos en tránsito, y en algunos casos arrasan la producción de alimentos y el proyecto de vida de pequeños agricultores.

La organización comunitaria ASOTRACAMPO en El Tamarindo identifica el 80% de sus campesinos afiliados como víctimas del desplazamiento forzado. Con mucho esfuerzo han construido una vida en ese lugar luego de verse obligados a abandonar sus hogares en otros lados del país. La vida en El Tamarindo ha sido sencilla pero digna—o así era hasta que se vendieron los títulos a la tierra. Buscan la seguridad y certeza de tener un terreno propio. El INCODER está cooperando con ellos en la posible compra de unos predios, pero los procesos burocráticos demoran y no hay garantía de un resultado favorable.

A community member shows us the land where she lived until she was evicted last year

Una residente nos señala el terreno donde hace poco vivía y cultivaba con su familia

Los 360 hectáreas de El Tamarindo están divididas en cinco lotes distintos, y los residentes han sido paulatinamente apretados, con diligencias cada tantos meses que arrasan casas y cultivos. Al principio resistían las diligencias, enfrentando a los trabajadores y maquinarias, bajo la mirada de la policía presente para asegurar que la diligencia—completamente legal según los documentos—se pudiera realizar. Pero la resistencia ha dejado varios heridos con gravedad. Otros de los campesinos reportan pesadillas y trauma psicológica. Todo ese dolor sumado a la pérdida del hogar y el alimento.

El miércoles 26 de febrero llegué a El Tamarindo con tres representantes del Presbiterio de la Costa Norte para acompañar a la comunidad y presenciar la diligencia. La comunidad había optado por no resistir y así evitar mayores daños personales. Uno de los líderes dijo, “Yo siento que ya no estamos en posición de seguir poniendo gente a que nos la maltraten. Si hiciéramos una resistencia, nos hirieran a tres, cuatro personas, y nos quedáramos con el predio, yo sería el primero que saliera a brincar diciendo ¡ganamos! ¡victoria! Nos maltratan, nos hieren las personas, y perdemos el territorio. Eso es una victoria? No, señor, eso no es una victoria. . . . No queremos poner más sangre en el camino.”

Esta casa será arrasada cuando la diligencia se ejecuta.

Esta casa será arrasada cuando la diligencia se ejecuta.

En esa mañana resplandeciente y polvorienta, los residentes de la zona bajo diligencia vaciaban sus casas de toda cosa que se pudiera mover y rescatar, trasladándola a casas de vecinos. Poco después de nuestra llegada, líderes de ASOTRACAMPO recibieron la noticia que la diligencia se veía suspendida por una acción jurídica que habían realizado unas víctimas. La tensión palpable bajó pero no disipó. Dentro de unas semanas se ejecutará la diligencia, y casas humildes y alimentos de sustento serán destrozados.

Para los campesinos de El Tamarindo, la esperanza se encuentra en la promesa de una reubicación a terrenos propios. Se han organizado y buscan activamente el apoyo de aliados en el senado y otras instancias del gobierno nacional y local. Cuentan con el apoyo de la Iglesia Presbiteriana y organizaciones que defienden y promueven los derechos de la víctimas.  “Pedimos a las entidades,” dice un miembro de ASOTRACAMPO, “que haya una solidaridad con los campesinos no solamente de El Tamarindo sino los campesinos de Colombia, que están pasando el mismo caos y la misma tristeza que pasamos nosotros.”

Las ruedas del progreso siguen su rumbo, dirigidas por personas e intereses poderosos, dispuestos a atropellar la vida y vitalidad de los campesinos. Al lado de los miembros de ASOTRACAMPO, se nota que el precio de la globalización lleva una cara humana. Una mujer miembro de ASOTRACAMPO, lo expresó de esta manera: “Trabajamos en el campo, porque somos hijos del campo. Y el gobierno, las autoridades colombianas, no nos dejan trabajar, no nos dejan vivir. Porque quien sin comer vive? Nadies. Así nos tienen a nosotros aquí, corriendo de aquí para allá y de allá para acá con las armas pero apuntándolas a nosotros y no nosotros con las armas en la mano. Yo no entiendo cómo podemos vivir aquí en Colombia la gente pobre.“

La promesa de la paz también suena vacía. Otro miembro de la comunidad dijo, “Nosotros queremos una paz digna de vivirla. Sembrando, cultivando. Y si no nos dejan? Cómo vamos a criar nosotros a nuestros hijos?”

Oremos y actuemos por esa paz digna de vivirla.

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Updated 14 March, 2014

About Sarah

I serve with Presbyterian World Mission as liaison to the Andean region. This blog is a place to share stories, experiences, and observations, both my own and those of friends and colleagues and the occasional item of news.
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