Quebrantamiento

(Devocional en español a continuación)

Today I’m celebrating two years of ordained ministry as a pastor, and I had the privilege this morning of offering a devotional for my friends who work at Casa Esperanza. The topic for the day was brokenness, and I hope our time together was as nurturing for them as it was for me. For those who read Spanish, I thought I’d share what I prepared for them here.

Hoy celebro dos años de ministerio ordenado como pastora, y esta mañana tuve el privilegio de compartir con mis amigas de Casa Esperanza en su devocional. El tema era quebrantamiento, y espero que nuestro tiempo juntos haya sido de bendición para ellas como lo fue para mí. A continuación comparto las palabras que preparé. 

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Hace diez años me encontré en un evento de orientación para un año de servicio voluntario que iba a hacer con la iglesia en Uruguay. Eramos unos 50 jóvenes preparándonos para servir en diferentes países del mundo, y pasamos mucho tiempo en oración y alabanza. Me acuerdo de una canción que aprendí allí que cantamos mucho. Es en inglés, pero dice más o menos así:

Santidad, santidad es lo que anhelo
Necesito santidad
Santidad, santidad es lo que quieres de mí
A mi corazón, dale forma
Y mi mente, transfórmala
Mi voluntad, confórmala
A la tuya, Señor

Después cantamos otras estrofas, cambiando por la palabra santidad otras como fidelidad, ternura, justicia, y finalmente quebrantamiento.

¡Aguanta un momento! (Eso pensaba.) ¿Dijeron quebrantamiento? ¿Quebrantamiento es lo que Dios quiere de mí?

Esa idea me chocó grandemente. Siempre pensaba que teníamos que ser fuertes, íntegros, como siervos del Señor. Pero al escuchar esa parte de la canción, después de mi primera reacción de rechazo, me venían las lágrimas. Esa idea transformó mi modo de pensar de lo que es ser discípula de Jesús, y comenzó a sanar algunas heridas que ni siquiera reconocía, las heridas de mi orgullo, del pensar que yo debí ser capaz de alcanzar la santidad y la rectitud por mis propios esfuerzos.

El quebrantamiento viene en diferentes formas—emocional, físico, financiero, espiritual—pero siempre nos deja vulnerables, y eso es una parte fundamental de la experiencia humana. Vivimos en un mundo quebrantado, y somos siervos quebrantados. Y cuando nos damos cuenta de eso, podemos ver la forma en que Dios obra a través de nuestro quebrantamiento.

Hoy quiero que miremos dos ejemplos bíblicos del quebrantamiento. Primero hay la imagen de Dios como el alfarero. Es una imagen que vemos mucho, en varias canciones, y tiene cosas lindas y verdaderas para enseñarnos. El profeta Isaías la utiliza, y también el profeta Jeremías:

Yo me dirigí a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando sobre el torno. La vasija de barro que él hacía se deshizo en su mano, así que él volvió a hacer otra vasija, tal y como él quería hacerla. Entonces la palabra del Señor vino a mí, y me dijo:

«Casa de Israel, ¿acaso no puedo yo hacer con ustedes lo mismo que hace este alfarero? Ustedes, casa de Israel, son en mi mano como el barro en la mano del alfarero.

—Palabra del Señor.   (Jeremías 18:3-6)

¿Cómo te sientes al escuchar estas palabras? ¿Alguna vez te has imaginado como barro?

A veces nuestras vidas van deshaciéndose como esa vasija de barro, pero Dios vuelve a poner su mano sobre nosotros para darnos la forma que quiere. Como el barro hay que trabajarlo bastante y estirarlo, es la única forma de seguir creciendo de manera correcta. De esta manera Dios nos va moldeando, corrigiendo los errores y las quebraduras que existen en nuestras vidas, a veces por nuestras propias acciones.

Pero a veces estamos quebrantados sin que hayamos hecho nada para terminar así. La vida simplemente es difícil. A veces no sabemos si podemos continuar con nuestro ministerio. No sabemos cómo ordenar nuestra vida entre familia. No sabemos si algo estamos avanzando en nuestra vida espiritual. Y en estos momentos de quebrantamiento, podemos tomar consuelo en la historia de Elías. Elías el profeta del Señor ha hecho lo que consideraba necesario para enfrentar los falsos dioses en la religión de Jezabel. Se siente solo, y la reina que viene de otra región, bien enojada, le manda amenazas de muerte.

Al verse en peligro, Elías huyó para ponerse a salvo. Se fue a Berseba, en la región de Judá, y allí dejó a su criado. Se internó en el desierto y, después de caminar todo un día, se sentó a descansar debajo de un enebro. Con deseos de morirse, exclamó:

«Señor, ¡ya no puedo más! ¡Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados!»

Se recostó entonces bajo la sombra del enebro, y se quedó dormido. Más tarde, un ángel vino y lo despertó. Le dijo:

«Levántate, y come.»

Cuando Elías se sentó, vio cerca de su cabecera un pan que se cocía sobre las brasas y una vasija con agua. Comió y bebió, y se volvió a dormir. Pero el ángel del Señor volvió por segunda vez, lo despertó y le dijo:

«Levántate y come, que todavía tienes un largo camino por recorrer.»

Elías comió y bebió y recuperó sus fuerzas, y con aquella comida pudo caminar durante cuarenta días con sus noches, hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.      (1 Reyes 19:3-8)

¿Qué pasa con Elías? ¿Cómo reacciona Dios?

A veces, como Elías, estamos cansados, todo parece demasiado. Pero la buena noticia es que Dios no regaña a Elías por ser débil, por sentirse sólo y abrumado, y a punto de rendirse. Lo que Dios hace es enviarle un ángel, un mensajero de su gracia, proveyendo con ternura lo que Elías realmente necesita.

Hay un detalle aquí en el hebreo original del texto que vale la pena mencionar (mis gracias a la exégesis de Sara Koenig). Las palabras exactas que usa al decir que había “un pan que se cocía sobre las brasas y una vasija con agua” no son palabras comunes. La palabra para las brasas (resapim) sólo se utiliza dos veces en todo el Antiguo Testamento: aquí, y en Isaías 6, cuando las brasas purifican los labios de Isaías para que no se sienta incapaz de aceptar el llamado de Dios como profeta. La palabra para la vasija (sapphat) solo se ve en tres lugares, y dos de ellos tienen que ver con la provisión de Dios a Elías. La primera vez es cuando la viuda de Sarepta utiliza su vasija de aceite, y milagrosamente es suficiente para alimentar a Elías y a ella misma. La segunda es aquí.

A través del mismo vocabulario, al usar esas mismas palabras tan particulares, el mensaje queda claro: Elías puede tomar fuerzas de saber que está en buena compañía al sentir que no puede con su llamado, y también debe recordar la provisión de Dios que ha experimentado en su propia vida. Y nosotras y nosotros sabemos que Dios de igual manera nos cuida.

Entonces, en los momentos cuando nos sentimos cansados, quebrantadas, y vulnerables, tengamos confianza en el amor de Dios. Como dice el salmista, «Los sacrificios que tú quieres son el espíritu quebrantado; tú, Dios mío, no desprecias al corazón contrito y humillado»  (51:17). No tenemos que esconder nuestras debilidades porque Dios ya nos conoce, y sabe lo que necesitamos.

Yo lo veo como una bendición que no tengamos que ser fuertes en todo momento. Como dice en 2 Corintios 4:7 «Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que se vea que la excelencia del poder es de Dios, y no de nosotros.»   Somos vasos vulnerables, algo quebradizos, y pocas veces elegantes. Pero eso está bien. Porque sabemos que Dios nos formó así, y nos dice «Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad» (2 Cor 12:9).

Quiero invitarte a tomar un tiempo para reflexionar sobre el estado de tu vaso de barro. Cierra tus ojos e imagina tu vida en las manos del alfarero.

¿Cómo te sientes? ¿Cuáles son tus heridas? ¿Cómo estás siendo renovada o cambiado?

¿Cómo has cambiado desde que viniste a este ministerio?

¿Qué forma te está dando Dios, moldeando el barro de tu vida?

Puedes seguir así un rato con los ojos cerrados, o puedes tomar un poco del “barro” que tenemos, la plastilina, o papel y colores para hacer una representación del estado de tu vaso. Luego habrá espacio para compartir si deseas.

Dios, Alfarero divino, gracias por tu amor y tu dedicación en trabajar en nuestras vidas sin fallar. Estiras y amasas el barro de nuestras vidas, aunque no siempre sea cómodo. A veces resistimos tu mano. Otras veces, sin querer, nos caemos de tu torno. Pero por tu gracia, nunca quedamos arruinados. Nos levantas con ternura cuando estamos quebrantadas, y vuelves a moldearnos.

Crea en nosotros corazones puros, y pon tu espíritu de constancia en lo más profundo de nuestro ser, que tengamos la certeza de tu amor en medio de nuestros momentos de dudas y de cansancio, los tiempos cuando sentimos que ya no podemos más. Y que sepamos compartir la certeza de ese amor maravilloso con nuestras hermanas y hermanos, aquí en esta comunidad y con las personas quebrantadas que encontramos más allá de estas puertas.

Acompáñanos en este día y ayúdanos a reconocer tu presencia en medio de nosotros y en el mundo entero, por amor a tu hijo amado, Jesús, nuestro amigo y salvador.

Amén.

About Sarah

I serve with Presbyterian World Mission as liaison to the Andean region. This blog is a place to share stories, experiences, and observations, both my own and those of friends and colleagues and the occasional item of news.
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